El vino y el capitán Cook

Dionisio, el dios del vino. Cuando algunos beben, pierden la memoria.

Dionisio, el dios del vino. Cuando algunos beben, pierden la memoria.

James Cook ya trabaja con apenas 13 años en la administración de la granja de su padre, un inmigrante escocés de modestos recursos instalado en Great Ayton, en el norte de Inglaterra. Estaba lejos de imaginar entonces, en 1741, que pasaría a la historia como uno de los navegantes británicos más famosos de todos los tiempos. Aunque comenzó empleado en el sector privado, pronto fue consciente de las posibilidades que le otorgaba la carrera militar, donde alcanzó prestigio y experiencia para optar a empresas más ambiciosas, como la exploración del Pacífico. Anduvo por esos mares 11 años en los que acertó a descubrir para Europa muchos territorios entre los que se encuentra Nueva Gales del Sur, una extensa zona de Australia, que entonces no era tal, sino Nueva Holanda, denominación escogida por los británicos sin un ápice de originalidad.

Viene a cuento recordar al capitán Cook porque en Nueva Gales, que hoy es el estado más poblado de Australia, ha dimitido su primer ministro, Barry O’Farrell, un hombre con mala memoria y buen gusto por el vino, a decir de los entendidos, aunque él lo niega. Su dimisión tiene que ver con una botella de vino y está justificada, sobre todo, por el precio del famoso caldo, un Penfolds Grange Hermitage del 59 valorado en 2.800 dólares. Viene a ser éste tinto como un Vega Sicilia de los nuestros. O’Fallell mintió cuando una comisión de investigación le pregunto si había recibido el vino remitido por un empresario, Nick di Girolamo, que le envió la botella a modo de felicitación después de ganar las elecciones de 2011. El primer ministro escribió, incluso, una nota de agradecimiento, haciendo gala de la educación que los habitantes de las colonias británicas heredaron de su metrópoli y esto le ha llevado a la calle porque la nota ha servido como prueba.

Hay que seguir este caso, porque tiene un punto de ejemplarizante y otro tanto de ridículo. A fin de cuentas, sólo era una botella de vino, dirá alguno. Los miembros de la Comisión Independiente contra la Corrupción de Australia no piensan lo mismo y en la web de La Sexta, tal vez por un error de traducción, el caso ha cobrado otra dimensión: “Mintió al negar haber recibido 3.000 botellas de vino y ha sido descubierto”. Hombre, una… pase, pero 3.000.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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