Buena compañía

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Las campañas electorales se acaban de improviso, como los malos discursos. Y ya no sabes qué hacer. Sucede lo mismo cuando facturas el equipaje en un aeropuerto, luego parece que te falta algo. Y a veces es verdad, porque algunas maletas no vuelven nunca. Ayer cerramos la persiana en Sansomendi con un vino digno de nuestros adversarios, una prueba más en estos días a contracorriente que nos ha tocado vivir. Por una vez, no pasa nada. No todos los caldos van a ser como el de Rosa. Fue un remate con agradecimientos y buenos deseos, como de Navidad adelantada. Se nos hizo de noche y Amaya lo tuvo más difícil que nunca para sacar sus fotos. Se nos ve ahí, entre sombras, con caras de querer otra. En ésta, nos hemos quedado tan a gusto, que seguro que repetíamos. Al dejar la plaza me ha venido una pena (con esa blandura de ánimo que le hace gracia a Eneko), la certeza de que no podemos volver atrás. No hay más campaña, habrá otras, pero no serán ésta. En ninguna estaré tan bien acompañado.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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