Buena compañía

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Las campañas electorales se acaban de improviso, como los malos discursos. Y ya no sabes qué hacer. Sucede lo mismo cuando facturas el equipaje en un aeropuerto, luego parece que te falta algo. Y a veces es verdad, porque algunas maletas no vuelven nunca. Ayer cerramos la persiana en Sansomendi con un vino digno de nuestros adversarios, una prueba más en estos días a contracorriente que nos ha tocado vivir. Por una vez, no pasa nada. No todos los caldos van a ser como el de Rosa. Fue un remate con agradecimientos y buenos deseos, como de Navidad adelantada. Se nos hizo de noche y Amaya lo tuvo más difícil que nunca para sacar sus fotos. Se nos ve ahí, entre sombras, con caras de querer otra. En ésta, nos hemos quedado tan a gusto, que seguro que repetíamos. Al dejar la plaza me ha venido una pena (con esa blandura de ánimo que le hace gracia a Eneko), la certeza de que no podemos volver atrás. No hay más campaña, habrá otras, pero no serán ésta. En ninguna estaré tan bien acompañado.

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Cuando el balón quema

Jorge Valiño

Jorge Valiño

En lo nuestro, siempre hay alguien encargado de ordenar las ideas, de trazar líneas rectas donde otros dibujan laberintos, de convertir en lema el jeroglífico. Hay un teclado que separa lo bueno de lo malo, que sexa los pollos a velocidad de vértigo, que desecha lo inútil, un sumiller que cata vinos, agua, aceite y café con su boquita, de un solo trago. Sólo necesita comer a la hora. Luego, cuando se pone en marcha, lo mismo obra el milagro de una frase afortunada, que rellena huecos inmensos. La palabra, tan denostada, forma parte de nuestra esencia. ¡Qué sería de nosotros sin una frase afortunada que llevarnos al micrófono! Es nuestro Paul Walker al volante, vivito y coleando, es nuestro Paul Newman en El golpe, es Paul Pogba con el balón en los pies, es Pau Gasol amagando un gancho en la zona para luego colgarse del aro. Cuando el balón quema, todos buscamos a Pau para que resuelva.

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Oír llover

Jorge Valiño

Jorge Valiño

Estamos lanzados. Para nosotros las encuestas es como oír llover. Y cae de verdad, como esta mañana en Intxaurrondo. Dice Mikel que jugábamos en casa, sobre todo él. Como ha venido Pedro y estamos exultantes, nos pasamos la demoscopia por una amplia gama de conceptos. El personal llena las carpas y te aplaude a la altura de los huesecillos del oído, que son martillo, yunque y estribo. Así da gusto. Ya no nos paran. En la puerta, me piden un acto de contrición. ¿No os arrepentís de los videos? Estaríamos buenos. Cuánto me gustaría compartir contigo esa energía incontrolada que sale de cada pecho y se suma en uno, ese momento irrepetible, cuando toca dejar claro que el orgullo de ser lo que somos es impermeable.

J. Valiño

J. Valiño

 

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La candidata y el pato (mareado)

Amaya Díez-Emparanza

Amaya Díez-Emparanza

Idas y venidas. Dice Amaya que hemos viajado criogenizados de regreso a la sede gracias al aire acondicionado de la Vito. No me he dado cuenta, pero creo que exagera. En el Ataria de Salburua, reserva de aves, el calor aprieta, aunque no tanto como en aquella horrible recepción municipal del Día de la Blanca, que rozamos la deshidratación y el desmayo. De eso hace algún tiempo. Ayer, bordeamos el límite del absurdo con la pregunta más loca de la semana: ¿Ya hemos comido el primer plato? Eso pasa por tener los pies en la tierra, las manos en el móvil y la cabeza en otra dimensión. No sabes si caminas en círculos, llamas en balde o piensas en exceso. Te lo has comido. Era pato… mareado. Menos mal que las candidatas tienen confianza y la demuestran ante las cámaras cuando toca cuestionar la ciencia demoscópica. ¿Las encuestas? No hagáis caso. Vamos para arriba… Y lo mejor es que es cierto.

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Dar con queso

Foto: Amaya Díaz-Emparanza

Foto: Amaya Díaz-Emparanza

La campaña distorsiona. Las horas se acumulan y es fácil confundir una cuña con un queso redondo y completo. Tampoco resulta extraño que la fotógrafa acabe en catadora y defienda la ingesta nocturna por sana y láctea, como la Vía. La campaña deja algún momento libre. Hoy, seis minutos y 36 segundos, tiempo de sobra para la compra. En el mercadillo de Rentería, la temperatura electoral roza el desmayo; en la Catedral Vieja de Gasteiz, visita de médico; en el Parlamento, una cita para más adelante. Tortilla de patata en la furgoneta. Lástima de callos en Lasarte. O en último caso, el queso. No es cuña.

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La concentración

Foto: Amaya Díaz-Emparanza

Foto: Amaya Díaz-Emparanza

Como en todo, el ánimo no es siempre el mismo. Unas veces viajamos por un cielo imaginado y creemos que hemos acertado y otras, nos venimos abajo y nos cuesta movernos como si calzásemos plomo. Mantener la concentración resulta más difícil cuando, como hoy, en Zaramaga, son tantos los estímulos. Sin embargo, yo veo que seguimos empeñados. Y, por la tarde, nos queda el regusto un poco agrio de una disputa, la impresión de que tenemos músculo cuando movemos a los nuestros y la certeza de que podríamos ser más grandes si dejáramos a un lado lo que nos mata.

Foto: Amaya D-E.

Foto: Amaya D-E.

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