Fútbol, barricadas y sexo

El periodismo exige mucho, por eso los profesionales de ello se inventan universos paralelos, no para fugarse, sino para que los habiten los espectadores. De esta forma, justifican el sueldo. Las semifinales del Mundial de fútbol dan vueltas sobre dos asuntos: el enfrentamiento América-Europa y la presión sobre las grandes estrellas. Como aficionado, ambas las dos me traen sin cuidado. No hay ningún patrón, ni interés en esta competencia intercontinental. Argentina venció a Suiza, Bélgica a Estados Unidos, Costa Rica se impuso al límite a Grecia y Holanda, a los amigos mejicanos, cuando todos celebrábamos lo contrario. Qué decepción, hasta el rabo, todo es toro. Y ¡qué pesadez! A mí, que siempre me ha costado militar en algo y me obligan ahora a ser de Europa. Me siento como David Cameron, euroescepticofutbolero. Oiga, que esto no es golf, ni se juega la Ryder Cup. Y, además, pobres africanos.

Lo de la presión, tiene otras connotaciones. Yo entiendo que Neymar se sienta un poco incómodo si le cuentan que con Brasil eliminado a las primeras de cambio igual sus compatriotas pobres tiran por la calle de en medio y mandan el Mundial a la bahía y levantan barricadas en la calle. Pero hombre, ahora ya no pasa nada, que para cuando se quieran organizar y pedir la cabeza de alguno, ya se acabó la competición y todos para casa, que la temporada ha sido muy larga. En un Mundial, casi no se habla de fútbol. Así nos va. Lo que más vende es hablar de sexo. Los profesionales de Rusia, Chile, Bosnia y México tenían prohibido practicar sexo con personal ajeno al equipo. Y entre ellos, supongo. Todas las selecciones que aplicaron restricciones sexuales para lograr un mejor rendimiento y una mayor concentración están en casa. Los brasileños sólo tienen vetadas las posturas acrobáticas… y hacer balconing, supongo. Ahora me explico lo de España. No queremos líos, todos a casa y que cada uno pase el verano como pueda. Lo de menos eran las primas.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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