Debate sobre la mesa

Ahora que llegan las elecciones europeas tendremos la oportunidad de asistir a esa modalidad informativa del debate televisivo en pleno proceso, lo que incrementa el interés por el resultado como si se tratara de un final de Liga con penalti en el último minuto. Lo políticamente correcto en estos casos es decir que no nos interesa la política, pero luego estos espacios tienen una inesperada audiencia y se demuestra que el administrado tiene intereses en las propuestas y, en todo caso, si queda defraudado, será porque lo que escucha en su papel de presunto votante no se acerca ni de lejos a lo que quiere oír. Escuchar con atención forma parte de los deberes ciudadanos, aunque resulte más difícil que nunca ahora que, por apretar, hasta aprieta el hambre en muchos hogares españoles. ¡Como para elegir al presidente de la Comisión Europea!

El debate que organiza la Academia de la Televisión (luego sale Campo Vidal muy serio a explicarlo) llega siempre acompañado por acusaciones que lanzan los pequeños partidos, que lamentan que los grandes se queden con todo y hagan una fiesta por su cuenta y hay hasta debate sobre los temas del debate, sobre el guión que en más de una ocasión ha contribuido, sobre todo, a cargarse la idea. Como método más visual y entretenido, que no más civilizado, podemos recurrir al debate sobre la mesa, o mejor dicho a uno y otro lado de la mesa, tirando con fuerza, protagonizado por estos dos periodistas jordanos de escasa cabellera. Imposible tirarse de los pelos, así que optaron por tirarse los muebles. El moderador, muy mal, ajeno a todo. Podría tomar ejemplo de los árbitros de jockey sobre hielo que se meten en las peleas y, a veces, hasta cobran sin aparente motivo. Yo creo que les va la marcha.

El sultán de Brunei se lleva el premio a indeseable de la semana en dura competencia con el secuestrador de niñas de Nigeria, al que dedicaremos una entrada completa. Hay que ser muy poco simpático para que hasta los actores de Hollywood te hagan boicot. Cuenta la Televisión Española que es el propietario de Hotel Beverly Hills y que anda de persecución. En Brunei se ha implantado la lapidación como castigo a la homosexualidad. A mí, el tipo me recuerda a los dictadores que solía encarnar Eddie Murphy en esas películas que programan la tarde del sábado. Por cierto, Brunei es uno de los países con menor deuda pública del mundo. Lo mismo la Troika lo pone como ejemplo.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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