Control de pasaportes

Las fronteras ya no son lo que eran. El checkpoint Charlie, en Berlín.

Las fronteras ya no son lo que eran. El checkpoint Charlie, en Berlín. (Foto: Torres)

Cuando te falta costumbre, cuando no estás muy viajado, que se decía antes, resulta fácil que la mirada de un hombrecillo encerrado en una pecera de cristal te provoque un escalofrío de esos que sube por la espina dorsal y estalla en las sienes anunciando un potente dolor de cabeza. Suele coincidir con ese momento en que el policía de aduanas coteja la fotografía de tu pasaporte con tu careto y tú no sabes si sonreír, mirar al techo, al suelo o darte la vuelta y volver a subir al avión con destino a Adolfo Suárez-Barajas. La primera medida que deberían adoptar los países que quieren desarrollar su sector turístico es seleccionar a funcionarios amables, que te reciban con una sonrisa y trabajen con eficiencia, y colocarlos en esas peceras. Se estila lo contrario, gente adusta, de mirada fría, que pregunta en su idioma los motivos del viaje y ya te ves en el calabozo de un remoto centro de detención. Oiga, que yo venía  a gastar unos dólares en su playa paradisiaca. Ya, ya… Dan ganas de no salir de casa. Después de este trance, le entregas la maleta al primero que se ofrece a llevarla en el parking del aeropuerto. Y no siempre aciertas. A fin de cuentas, has estado a punto de perder la vida hace sólo unos minutos. ¿A quién le importan unas camisetas?

Neil Clulow está hecho de otra pasta. Mientras espera en un aeropuerto, no revisa como yo una docena de veces el pasaporte, la fecha de caducidad, la página de la fotografía para evitar una confusión. Él agarró el pasaporte de su novia Karen, se subió a un avión en Birmingham (Reino Unido), llegó a Alicante (España) con la intención de celebrar un cumpleaños con sus amigos y entonces cayó en la cuenta del error. Tanta atención en la valla de Melilla y nos entra un peluquero calvo con barbita en lugar de una rubia de larga melena y lo damos por bueno. Lo demás era de esperar, Karen envía a Neil su documento. La empresa de mensajería lo lleva primero a Berlín y luego a Barcelona para que conozca dos ciudades maravillosas, Neil pierde un día de trabajo, la aerolínea quiere que el peluquero delate a la empleada de la subcontrata que le dejó pasar en el lugar de origen, él se niega, le regalan el viaje de vuelta, Monarch (la aerolínea) dice que ya no trabaja con Servisair (la subcontrata), Ups (la mensajería) lamenta el incidente y pone en marcha una investigación…  En el aeropuerto de Alicante, un funcionario español muy poco simpático ojea el Daily Mail, que cuenta la historia recuperada para nosotros por Bego Manzano en El Correo, y celebra que exista la libre circulación en la Unión Europea. De no ser así, vaya carga de trabajo.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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