Caza Real

Carlos III

Los reyes son mucho de cazar. Aquí, Carlos III.

La caza y la monarquía se llevan fatal. Hace algún tiempo, si matabas en tierras del rey te acusaban de furtivo y te colgaban de los pulgares o probabas el cepo en la plaza de alguna aldea remota. Se ve mucho en el cine, donde el hilo argumental del cabeza de familia que desafía al poder encuentra los aplausos de un público ávido de justicia. Todo el mundo se pone de parte del cazador que mata para dar de comer a los suyos. Hoy todo es distinto, si tienes hambre robas en un supermercado y el sheriff de Nottingham es un segurata muy poco romántico y mal pagado.

Los cazadores más famosos de estos tiempos modernos son algún ex presidente de caja de ahorros, algún diputado autonómico, un empresario caído en desgracia, un juez y la realeza, siempre la realeza. Los primeros quedan siempre como unos botarates. Se acurrucan sonrientes mientras levantan la cabeza de un muflón con la lengua fuera, se dejan sacar fotos con los testículos (de un animal) en la cabeza como parte de un rito iniciático, o ponen cara de satisfacción ante una larga fila de cadáveres de corzos y  jabalíes que han corrido tal suerte a manos de otros. Cuando la imagen llega a nuestros ojos, todo está fuera de sitio y parecen unos auténticos imbéciles. El personaje de esta historia decora su currículo con una quiebra, mil despidos, un desfalco o una emisión de preferentes y te dan ganas de coger un arma a ti, que no lo haces desde que eras niño y te regalaron aquella chimbera de perdigón.

Los reyes y príncipes son distintos. Mira la infanta Cristina. Cazan porque les va en la sangre. No se explica de otro modo que el príncipe Harry sea tan tolón como para irse de caza a España con su hermano Guillermo la víspera de la emisión de un video contra el tráfico de animales salvajes, que ya sé que no es lo mismo, pero hasta a la BBC le ha parecido una coincidencia muy poco oportuna. Por estos lares, sabemos de uno de los vicios de Juan Carlos I, que lo mismo mataba un bisonte en Polonia, que un elefante en la sabana africana mientras Corinna contaba anécdotas en torno al fuego del campamento. Ya no va a volver a pasar. Lo dijo él mismo. Pero Harry sí ha tropezado. Ha grabado el video con su padre, el también príncipe Carlos. Hablan en mandarín, árabe, swahili y supongo que inglés y se muestran preocupados por las especies en peligro de extinción. No me extraña.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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