Sobrecoste alemán

Así debe quedar acabado el edificio de la Filarmónica de Hamburgo

Así, como refleja esta recreación, debe quedar de impresionante la Filarmónica de Hamburgo.

“Cobra buena fama y échate a dormir” aconseja el refranero para poner patas arriba el discurso que los de marketing se traen sobre la marca, persiga ésta interés económico directo o, en sentido más amplio, quiera describir una forma de hacer de una empresa, un colectivo o una nación. La marca España, que está por ver, es un lugar común al que se deslizan con frecuencia las conversaciones, sea para elogiar la manera de hacer de los españoles o, más frecuentemente, para poner en solfa la misma, hablar de chapuza y corrupción y considerar imposible que alguna vez alguien en el planeta vaya a elegir un producto, un servicio o una empresa por el hecho de que sean nacionales de aquí. Otros, que hablan menos sobre ello, tienen mucho camino recorrido. En mi infancia, si una televisión venía de Alemania era el no va más; la mantequilla francesa, una delicatesen; la lámpara italiana, un lujo… Luego, todo se complicó, si era chino, estaba copiado; si era peruano, mejor navarro; si coreano, dependía, porque podía ser bueno… o malo; y si era un Samsung, mejor comprarlo, aunque fuera caro. Pero donde esté Alemania.

Ahora leo en El País que en las tierras del rigor de Ángela Merkel se lleva algo tan nuestro como el sobrecoste. Pero no en plan un poco por ciento, sino a lo grande. El mejor ejemplo es la Filarmónica de Hamburgo, que se presupuestó en 77 millones y va camino de alcanzar los 790. Bien hechas esas cuentas. Y no es el único caso. El aeropuerto de Berlín, que iba a salir gratis a lo público, se ha puesto en 4.000 millones. Ni el canal de Panamá. Un aeropuerto dice mucho de una ciudad y desembarcar en el berlinés de Tegel  (que alcanzó fama mundial… en 1965) ya te da idea de que algo no va bien en la gestión de la cosa aérea. Prepárate para la caminata y a cargar con la maleta por las escaleras en modo refugiado si quieres subir a un autobús. Los alemanes llevan casi dos décadas con la idea y las obras para ampliar el de Schönefeld. Quieren que absorba todo el tráfico y cuando acaben lo llamarán Aeropuerto de Berlín-Brandeburgo Willy Brandt. Bien hecho, aunque allí se montó la de Gamonal a finales de los 90 cuando empezaron a echar a la gente de sus casas para ampliar las pistas.

La Filarmónica de Hamburgo es obra de dos arquitectos suizos (Herzog y De Meuron se llaman) que también prepararon un dibujo parecido a una cafetera para el auditorio no nato de Vitoria. Ahora recuerdo con cierta nostalgia, describiendo el proyecto elegido de Navarro Baldeweg, subido en una pequeña colina al entonces alcalde Alfonso Alonso (hoy especialista en chaparrones mediáticos en su condición de portavoz parlamentario del PP). “Todo esto será algún día vuestro”, parecía decirme mientras entornaba los ojos para imaginar lo que nunca fue.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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