La edad de la almeja

Almejas, en paro.

Almejas, en paro.

Leo estupefacto que hace unos años unos científicos muy apañados encontraron un molusco bivalvo que había nacido en 1499 y lo mataron. La almeja, que no era otra cosa, tenía 507 años cuando los manazas en cuestión la localizaron en Islandia. Lo del fallecimiento no está claro, pero se ha relacionado con las pruebas para conocer la edad del bicho, una paradoja. Los estudiosos estaban contratados en 2007 por la Universidad de Bangor, en Gales, y tampoco parece que sus métodos sean muy revolucionarios. Con las almejas (éstas islandesas son muy gordas y llegan a medir hasta 12 centímetros) vale la prueba clásica de contar los anillos, como con los árboles. La técnica se llama dendrocronología, que viene del griego dendron (árbol) y chronos (tiempo).

“La hemos perdido”, debieron decir en la mesa de estudio, antes de bautizarla como Ming y publicar las conclusiones en la revista Science Nordic (como la tónica). Nuestros amigos de Gales no buscaban una curiosidad ni salir en el Libro Guinnes, que salen. La noble causa que les impulsaba era estudiar el proceso de envejecimiento. Siendo de Gales, yo les recomiendo estudiar al príncipe Carlos, que ahora se ha jubilado con los 65 y no ha trabajado nunca en lo suyo, lo de ser Rey. O a su madre. Larga vida al heredero y a su progenitora, Dios me libre de desearles un final como el del bivalvo. Charles, que está en Sri Lanka con un contrato por obra para la Commonwealth,  ha sido un joven que se ha enfrentado a muchas dificultades y tiene la pinta de haber sido tan maltratado como los parados españoles.

La Unión Europea decidió en enero gastarse 6.000 millones de euros en combatir el desempleo juvenil. De esta pasta, que es poca a mi entender, tocan a España unos 1.900 millones, menos de 2.000 euros por parado (la mitad de la población joven está en paro). Los prebostes europeos se han reunido media docena de veces para hablar de este asunto y todavía están en ello y el Gobierno nuestro y de Rajoy tiene que escribir un plan y presentarlo en diciembre a lo más tardar para que le suelten las cantidades. Me juego lo que me queda de los clicks de Famobil a que se lo gastan todo en bonificaciones a las empresas para que contraten a jóvenes en precario y más baratos, que sustituirán a otros trabajadores a los que mandarán al paro. Oiga, que esto mismo ya me pasó a mí en 1992. Sí, hace mucho. Es verdad que no tengo la edad de la almeja, pero uno ya va acumulando anillos.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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