Calendario Maduro

Navidad, en la playa.

Navidad, en la playa.

Maduro ha adelantado la Navidad. Puede hacerse. Yo pensaba que no, pero puede hacerse. En Venezuela ya es Navidad de forma oficial y confieso desconocer casi todo sobre las consecuencias de tal hecho. Sé lo que pasa aquí, al otro lado del Océano, cuando llegan esas fechas. En la calle se monta la de dios (es lógico, por parentesco) y, en casa, discretamente, comienza una negociación de pareja. “Pues este año igual no vamos a casa de tus padres tan pronto”. Es puro teatro, la misma letra de siempre pero cantada por Falete, que da más pena.

“Teatro /lo tuyo es puro teatro, /falsedad bien ensayada /estudiado simulacro, /fue tu mejor actuación /destrozar mi corazón. /Y hoy que me lloras de veras /recuerdo tu simulacro/perdona que no te crea. /Me parece que es teatro”.

Luego, viene la fiesta en el trabajo. Este año habrá escasez, de fiesta y de trabajo. De generosa cesta de regalos y pata de jamón sobresaliente, ni hablamos. Ahora que lo pienso, en Venezuela habrá pillado a todos los distribuidores en orsay. Y a los fabricantes de turrón, y a los envasadores de juguetes chinos… Habrán quedado fuera de juego la sidra el Gaitero, el moscatel Sarasate y las peladillas de colores (blancas, rosas y azules) que si no eres gitano y vas de boda, no las ves durante el año ni en pintura.

“Deberíamos marcharnos esta noche porque las carreteras ya sabes cómo se ponen”.  Jope, Maduro, ya no sé si voy o vengo. Bastante tenía yo con pensar en la familia de Argentina e imaginar el caluroso diciembre de las bellezas locales en biquini rojo y gorrito de Santa. Ahora tengo que soñar con la Navidad en noviembre por las calles de Caracas. Tendrá que ayudarme el primo Paco, que seguro que se acuerda de sus años mozos. O los espías de USA, que están hasta en la sopa. Ya lo advertía el difunto Chávez.

Aquí no hemos cambiado nada (esto lo aclaro para la familia de Miami, de Buenos Aires, de San José, y los amigos de Washington y México D.F.). Sólo hemos discutido un rato sobre la fiesta de Euskadi que hemos celebrado un par de años y ya se nos han pasado las ganas, como pasará con la Ley de Educación que ahora se aprueba con el cambio de Gobierno. Y en el próximo que tengamos los vascos, yo exijo una consejería para la Suprema Felicidad del Pueblo, como el ministerio de Maduro…  o ¿ya existe?

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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