Lotería cavernícola

Entre nacer con estrella y hacerlo estrellado hay un largo trecho que luego te marca la vida. A mí, una vez me toco la lotería. Recuerdo que compré el décimo en la sofocante y acogedora calle Mantería de Valladolid. Era verano. Fueron 110.000 pesetas y me temblaban las piernas cuando me acerque a comprobar los números. Entonces no había euros, ni internet y los cinematógrafos no estaban en esta crisis de ahora. Junto a la administración, había una sala X que funcionaba con más pena que gloria, como todo lo relacionado con el sexo de pago.

Un ganador.

Un ganador.

La fortuna es caprichosa. Lo sabe bien gente como Carlos Fabra, al que le ha tocado varias veces la lotería y, muchas menos. las narices la Justicia. La suya era tierra de llamar la atención, por aquel aeródromo limpio como la patena, pero en este país cada día cuesta más destacar. A Barcenas le entra un loco en casa vestido de cura que le pide a su mujer los pendrives para derrocar al Gobierno y a nadie le sorprende, es un hecho más, como los aeropuertos sin aviones, los pisos sin dueño y las autopistas sin coches. Es España, dejando atrás la crisis, la lotería primitiva, casi cavernícola.

Los peritos son escépticos. No creen en la suerte. Declaran ante el juez que no es normal que te entren en tus cuentas más de tres millones de euros sin ton ni son. Ya veo al hombre de las gafas oscuras: “Madre del cordero divino, pero ¿por qué me llueve a mí el dinero?”. La explicación no es fácil, aunque todo se empieza a entender cuando te cuentan en el juicio que la familia titulaba 85 cuentas corrientes con 17.000 operaciones. ¿Cuánto hace que no actualiza la cartilla?, me reprochan en lo que queda de mi caja de ahorros. ¡Cómo para acordarte de las claves!

A mí me ha pasado que tenía cuentas corrientes que no sabía, porque los bancos no te dan de baja aunque te cabrees con ellos. Es por si se te pasa y vuelves y para mantener no sé qué ratios. Pero la cifra de Fabra es un lío. La de tarjetas de crédito que le habrán mandado a casa. La frase de su hija en el Congreso viene al pelo, pero no pienso recurrir a ella. Prefiero a Eurípides: “No hay ningún hombre absolutamente libre. Es esclavo de la riqueza, o de la fortuna, o de las leyes, o bien el pueblo le impide obrar con arreglo a su exclusiva voluntad”.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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