Miedo al tsunami

El miedo también tiene sus momentos. Hace 50 años, la Guerra Fría nos puso ante la perspectiva de la desaparición de la raza humana. Además de firmar después algunos acuerdos de desarme, la respuesta del homo sapiens pasó por la construcción de refugios atómicos para el que pudiera pagárselos. Más tarde, la crisis del petróleo, a principios de los 70, nos hizo temer por un modelo de crecimiento que ya era un desastre entonces y en el que seguimos empeñados.  Este caldo de cultivo dio lugar a una conciencia ecológica de escasa penetración en la sesera mundial, y que ignora a los países pobres. La crisis también impulsó la investigación del coche eléctrico y desató una pizca de odio controlado hacia los árabes que nos encarecían la gasolina.

Los miedos de la humanidad han ido girando sobre temas variados. Algunos de los preferidos por el público son el medio ambiente (la desaparición de la capa de ozono, el deshielo de los Polos, el cambio climático), la seguridad global (el problema árabe-israelí, las guerras locales, el terrorismo internacional) y las crisis sanitarias (el Ébola, las vacas locas, la fiebre aviar, el E-coli) que han ocupado sucesivamente el lugar reservado a la peste en la Edad Media.

Con este panorama, hacemos encuestas en casa y nos sale que la clase política es uno de nuestros principales problemas. El primero es el paro, claro. ¡Qué desastre! Uno no sabe si centrase en lo pequeño o en lo grande. Para lo micro, los japoneses han ideado un refugio anti-tsunamis, a modo de cápsula espacial, pero que flota. Cabe un porrón de gente y tiene baño, aclaran los fabricantes. A mí, en conjunto, me recuerda a los refugios nucleares y los asientos, a los cacharritos de Port Aventura.

Para resolver lo macro, yo recomiendo un discurso del ministro Montoro, que ya no ve la crisis. Dicen que el PP está en campaña electoral y que por eso insiste en la recuperación. Nos mienten para conseguir votos. ¡Qué taimados! Ojalá no acabe todo como en “Amanece que no es poco” (la película cumple 25 años) cuando el cabo Gutiérrez explica el resultado de las elecciones para la seguridad pública: “La Guardia Civil ha perdido las elecciones. Las ha ganado la Secreta. Eso sí, la Secreta somos nosotros mismos”. Yo he tratado muchas veces de colocarme en el papel del personaje de Antonio Resines, cuando tímidamente trata de defender a los americanos, pero no me sale siempre.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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