Parir en Marte

Parcela urbanizable, en Marte.

Parcela urbanizable, en Marte.

Me entero de que existe una fórmula para calcular las civilizaciones que habitan la Vía Láctea. ¡Ah! Parece útil, pero a largo plazo. Es una tarea de esas que siempre dejas para después del verano: Ya cuando tengamos un rato, nos ponemos a ello. Hay que ver qué grande puede ser mi ignorancia. Dicen que, en realidad, la ecuación viene a demostrar precisamente que sabemos muy poco. Entonces, me vale, aunque no salga a la primera, porque exige manejar datos como la tasa anual de formación de estrellas, el número de planetas habitables, la posibilidad de vida, las probabilidades de la evolución de ésta hacia formas inteligentes…

La ecuación tiene sus años, es de 1961, y no ha arrojado hasta la fecha resultados aprovechables. Se escribe así: N= R* x fp x ne x fl x fi x fc x L. El autor se llama Frank Drake y no hay noticias de que tenga relación de parentesco alguna con el corsario y político inglés del mismo nombre fallecido en 1596 en Panamá, unos años después de vencer a la Armada Invencible y completar otras puñetas para molestar a los españoles.

He oído que la manera más segura de entrar en contacto con un marciano es ser mujer, quedarte embaraza, viajar a Marte y tener allí el niño. Una fundación holandesa arregla todo lo relacionado con el desplazamiento para salir en 2015, pero ya se ha cerrado el plazo de inscripción. No hay viaje de vuelta. Es importante saberlo para evitar equívocos y no llenar la maleta de cosas inútiles.

La fórmula de Drake recuerda a los intentos de España por salir de la crisis. Nos faltan datos. Hace algún tiempo, un presidente del Gobierno, que ahora vende libros, planteó que era necesario cambiar el modelo productivo. En 2009 anunció quince nuevas leyes, bajadas de impuestos y el fin de las desgravaciones por la compra de vivienda. No he seguido de cerca el plan, pero estoy seguro de que no le dio tiempo a ponerlo en marcha. Luego, dio un par de clases de economía en Venezuela.

Leo con preocupación que lejos de la sana y loable intención de Rodríguez Zapatero, el país vuelve a caer en lo de siempre y confía en que las inversiones extranjeras en el ladrillo nos saquen de la crisis. Lo escribe María Vega. No hace ni un minuto que estalló la burbuja inmobiliaria y ya estamos soplando otra vez. ¡Qué poca imaginación!, podríamos pensar, pero no me nieguen que esta manera de resolver nuestros problemas como hemos hecho siempre, mal, pero a toda leche, no es tentadora.

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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