La franja y el sexo

Mi BB.

Mi vieja BB.

Por poco no entra. Cuentan las crónicas que con esto del cierre de la Administración el lehendakari Iñigo Urkullu va a encontrarse con todas las puertas del Congreso de Estados Unidos cerradas, salvo una, que le permitirá el acceso para entrevistarse con el demócrata (de partido y, estoy seguro, también de convicciones) John Garamendi. Los viajes al extranjero de los mandatarios vascos siempre arrastran algo de polémica, pero a mí lo que me llama la atención es que estos encuentros se celebren con interlocutores tan genuinamente vascos, como atestigua el apellido del congresista. Seguro que resulta más útil, en términos crematísticos, verse un ratito con el consejero delegado una multinacional surcoreana asentada en el país (digo como ejemplo, que no sé si es el caso, ni sé si lo hará) pero está claro que resulta imposible sustraerse al embrujo de un apellido, un origen y un destino compartidos.

“¿Hispano? Yo soy vasco”, cuentan que dijo Garamendi cuando trataron de incluirlo en uno de esos listados de dudosa utilidad. “Su abuelo paterno llegó a Estados Unidos en 1906 desde el País Vasco, una franja entre el norte de España y el sur de Francia”, explica su portavoz. Acabáramos. Lo de la franja, que recuerda a la de Gaza, no lo había oído nunca. Ya tenemos otro camino para explorar en este galimatías de términos que tanto excita al nacionalismo vasco.

Viajar a USA para verte con los tuyos (a ver si me dejo caer un día a Miami para ver a los míos por parte de mi mujer) es como ser DJ en la feria de Fuengirola. Está bien, pero te acaba cansando. En la localidad malagueña, sólo se pueden pinchar sevillanas y rumbas, nada de rock, country, hip hop o reggaetón, bajo amenaza de multa. Las normas de higiene, respeto y convivencia para circular por la feria ocupan siete folios en un bando municipal. Con tanto desmadre por atajar, van a fijarse en el pueblo las temidas hordas de turistas adolescentes británicos.

Yo, como primera medida complementaria, ampliaba el bando de Esperanza Oña, la alcaldesa popular (ahora por doble motivo) y prohibía el uso de los iPhones. Por si las moscas. Dice un estudio que los dueños de estos teléfonos móviles gastan más (será porque lo tienen, esto no está mal) y practican más sexo (aquí ya hay más dudas morales). Como soy un caballero, evitaré cualquier referencia personal en este asunto. Sólo diré que no tengo motivos para desconfiar de la Blackberry que utilizó desde que pasé, de forma un tanto fugaz, por el Gobierno (el vasco, como Garamendi).

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Acerca de Óscar Torres

Suceso, casualidad, oportunidad, problema... Son tantas las acepciones de caso, que me vienen todas bien. Éste es 'El caso Torres', al estilo de las mejores novelas negras. Mi caso o ni caso, según convenga al visitante.
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